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Del Cine Arte de San Marcos


Lázara Herrera y el hombre que es sinónimo de Documental

Santiago Álvarez In Memoriam PHILLIP JOHNSTON*

Lázara Herrera es una luchadora. Con una energía que parece inagotable, la viuda del documentalista Santiago Álvarez (1919-1998) es una de las personalidades más respetadas del cine cubano. Divide su tiempo entre las actividades de la Oficina Santiago Álvarez que funciona dentro del ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos), la difusión de las obras del cineasta en diversos eventos internacionales de cine, y la realización del Festival Internacional de Documentales "Santiago Álvarez in Memoriam", que preside.

El festival se realiza siempre en la semana en que se celebra el aniversario del nacimiento del documentalista (8 de marzo) desde el año 2000, en la provincia de Santiago de Cuba. La celebración incluye fiesta y torta, como si el propio Santiago estuviese allí para participar de todo con los invitados. Y viene gente de diversos países para celebrar y proyectar sus trabajos más recientes.

En esta octava edición el jurado estuvo compuesto por Alberto Arce (España), Paloma García (Argentina), Alicia Sagués (Asociación Prodocumentales de América Latina, España), Daniel Diez (Instituto Cubano de Radio y Televisión, Cuba), Armando Casas (México) y Miriam Talavera (Cuba).

Fueron premiadas las obras Bagdad rap (Gran Premio) de Arturo Cisneros, Santiago Alba y Mikel Larramendi de España; O sol - caminando contra el viento (primer premio), de Tete Moraes y Marta Alencar, de Brasil; El fotógrafo del éxodo (segundo), de Justín Webster y Richard Belis, de España-Qatar, y La Cuchufleta (tercero), de Luis A. Guevara, de Cuba.

La edición de este año fue especialmente marcante, pues Lázara consiguió atraer la presencia del cineasta Fernando Solanas, que aparte de presentar la ponencia "Impacto de la Globalización en la Cultura Audiovisual Contemporánea", proyectó su documental La dignidad de los nadie.

Contrastes en blanco y negro

Santiago Álvarez dejó muchos marcos al cine mundial, especialmente en el campo del documental. Fue uno de los fundadores del ICAIC, inmediatamente después de la Revolución Cubana. Comenzó realizando el Noticiero ICAIC, del cual fue responsable por cerca de 600 ediciones.

Santiago innovaba en el lenguaje y convertía un elemento que era apenas un complemento de las proyecciones, en objeto de mayor interés. Muchas veces el público entraba a las salas de cine más interesado en ver el noticiero, que los largometrajes. El realizador incorporó grafismos y buscaba siempre innovar en el lenguaje. No admitía que se ofreciera un material aburrido al público. Retrató el entierro del cantante y compositor Benny Moré con música alegre para rendirle homenaje, creando un contraste con imágenes de dolor y tristeza. Estuvo en la guerra de Vietnam.

Registró las condiciones surreales vividas por los atletas cubanos que participaron en las Olimpíadas en Estados Unidos. Pero su trabajo más emblemático e impactante fue Now (1965), donde a través de fotos fijas que habían sido filmadas directamente de páginas de revistas extranjeras, mostraba el sufrimiento de ciudadanos negros estadounidenses siendo maltratados por la Policía, al son de una versión adaptada con letra antirracista de la tradicional canción "Hava Nagila" en la voz de la cantante Lena Horne.

El mismo Santiago tuvo una experiencia traumática en su juventud cuando estuvo en Estados Unidos. Viajaba en un ómnibus cuando le ofreció el lugar a una madre negra que cargaba un niño. Tuvo que abrazar al niño y gritar que solamente lo arrancarían de allí si lo mataban, para evitar un linchamiento. Ciertamente este episodio fue fundamental para su visión humanista, pero no por eso menos crítica, que norteó sus trabajos en los años futuros.

Un objetivo fundamental: que la obra de Santiago no desaparezca

Lázara Herrera es una gran amiga de cineastas brasileños. El actual Secretario del Audiovisual en el Brasil, el cineasta Orlando Senna, fue realizador de una obra con Santiago Álvarez llamada Brascuba. En Río de Janeiro, con motivo de estar en una de las Oficinas Santiago Álvarez, le solicité esta entrevista sobre la importancia de la obra de Santiago, y para que pudiese contar un poco de su convivencia con él. Fue una excelente oportunidad de conocer más sobre la formación profesional y las ideas de uno de los más grandes símbolos del cine documental de todos los tiempos. El resultado de esta charla es lo que el lector encontrará a continuación.

Santiago era un hombre conocido en el cine por hacer obras impresionantes, a veces con poquísimos recursos. Ya que sus obras más impactantes fueron hechas hace décadas, ¿cómo ves la representatividad de sus películas hoy?

La obra de Santiago es imperecedera. O sea, creo que le tocó, y por suerte para nosotros, hacer obras que no morirán con el tiempo. Pienso que fue un cineasta muy avanzado para su época. Hizo cosas que hoy en día todavía son muy modernas y arriesgadas. Sobre todo si se tiene en cuenta nuestra cinematografia que estaba carente de recursos en los años 60. Y tuvo que reinventar prácticamente sin haber sido un cineasta académico. O sea, que hubiera pasado por una escuela de cine. Pero era un hombre de una inteligencia, de una gran cultura, que leía muchísimo, y todo ese acervo cultural que tenía lo ponía en función de su cine. Del cine que quería que la gente recibiera. Que le llegara a la gente. Santiago decía que eso de hacer cine por hacer cine, o hacer cine para complacerse a sí mismo, no. Él quería hacer cine para que los demás lo disfrutasen. Entonces, en esa búsqueda que tenía siempre nos legó obras maravillosas como Now. Yo tengo que decir que no he visto nada que supere a Now todavía. LBJ (iniciales del nombre del ex presidente estadounidense Lyndon B. Johnson) es un documental que lo fue haciendo con pedazos que fue juntando después. Y que lo hizo en su inmensa totalidad con fotos de revistas, de periódicos, noticieros viejos. Hizo un collage en ese documental que es una lección, que es una obra de arte. Con un lenguaje nuevo, fresco, desconocido. Santiago hizo el documental que por lo general la gente miraba con desprecio. Luego hizo que la gente lo adorase. Santiago logró que en Cuba la gente fuera a ver el noticiero en el cine. Había un noticiero televisivo diario, por la mañana y por la noche. Sin embargo, la gente iba todas las semanas a ver el noticiero de cine. Y hoy en día esos noticieros, que muchos tienen más de 40, 45 años, usted los ve y todavía se deleita. Porque le transmiten una información que quizás no conocía. Pero se la dan con tanta frescura y con tanto ritmo, porque Santiago como buen cubano tenía ritmo, así que es difícil que esas obras desaparezcan con el tiempo. Pienso que Santiago aportó mucho al cine. Creo también que no estaba consciente de lo que estaba aportando. Pero lo hizo con tanto placer, disfrutó tanto lo que hizo, para que hoy disfrutemos quizás en la misma medida que él disfrutó.

Santiago se involucra con el cine por una oportunidad que le da la Revolución Cubana. Uno necesita tener talento para sobrevivir en eso por tantos años. Santiago a partir del momento que se involucra con el cine, se dedica totalmente a eso. ¿Crees que alguna vez pudo sentirse arrepentido de no haberse involucrado con el cine cuando era más joven?

No. Pienso que no. La única cosa que Santiago reconoció siempre es que estaba frustrado de no haber terminado la carrera de Medicina que es lo que le gustaba. A él le tocó la tarea de hacer cine porque le dieron esa orientación. Hacía falta hacer un noticiero, y era una persona muy disciplinada. Dijo: “Bueno, si tengo que hacer eso, voy a hacerlo bien”. Por ejemplo, cuando organizó el archivo musical de la televisión, que lo hizo él mismo, lo hizo bien. Lo disfrutó, y hoy en día todavía gran parte de la organización que tiene el archivo, es la misma que Santiago creó. Empezó a hacer sus noticieros y dijo: “Bueno, si lo tengo que hacer, tengo que divertirme y disfrutarlo. Vamos a hacerlo bien, que el público no se aburra, que aprenda”.

La gran preocupación que Santiago tenía siempre con los nuevos realizadores, los jóvenes, era el conocimiento. No de cómo se hace una película, ni dónde se cortaba, ni cuántos fotogramas, ni la iluminación en un documental. Era el conocimiento del trabajo que iban a hacer. Si sabían de qué estaban hablando. Si habían estudiado la profundidad del tema.Y siempre daba e impartía clases en la Universidad de La Habana. O sea, en la Facultad de Periodismo. Y siempre aconsejaba a sus alumnos que tenían que conocer bien la historia de su país, para después conocer la historia de los otros. Si iban a filmar un documental, o tocar un tema, sobre la historia o la vida de un pintor, por ejemplo, había que saber quién era ese pintor y por qué llegó a ser así. Porque decía: “Usted va a filmar, y va a ir a lo superfluo. Decir Amelia Peláez... la pintora no sé qué... no. Usted tiene que decir quién era Amelia Peláez, qué pensaba Amelia Peláez, para poder filmar sus cuadros como es debido”. Y eso era lo que también le inculcaba mucho a su camarógrafo. Y a todo el personal que trabajaba con él. Era la necesidad de superarse, de saber de qué se estaba hablando. De no hablar por hablar, de organizar bien un cuestionario, y que usted sepa si va a preguntar sobre el verde, cuántas tonalidades hay que utilizar para llegar a ese color. Era en eso muy exigente.

¿Ya estabas involucrada con el cine antes de conocer a Santiago?

No. Lo que sí me gustaba era ir al cine. Iba bastante al cine desde chica, ¿no? Los cubanos somos cinéfilos. Pero yo, desde pequeña, los lunes y miércoles eran mis grandes días, porque eran los días que íbamos al cine. Yo vivía en Guanabacoa, municipio de la ciudad de La Habana, y el cine valía 5 centavos esos días. Lo que para los pocos recursos que uno tenía en aquella época, era un lujo. Entonces, los lunes y miércoles siempre nos llevaban al cine mis tías, mi mamá. Y veíamos sobre todo películas argentinas y mexicanas. Películas mexicanas de comedia, de Tin Tan, de Cantinflas, musicales. Películas argentinas, sobre todo las de Hugo del Carril, Libertad Lamarque.

Y a través de tu relación con Santiago, el cine entra a tu vida, y en algún momento pasas a producir sus películas. ¿Cómo ves esa transformación en ti?

Siempre iba con Santiago a la mezcla del noticiero. Cuando iba a mezclar imagen y sonido, yo iba. Me gustaba participar en ese proceso. De cómo se mezclaban las pistas y todo ese lío. Y yo soy intérprete de profesión. Soy fundadora del Servicio de Conferencias de Cuba. Ya después cuando empiezo a involucrarme más en el trabajo de Santiago, ya para mí no era nada nuevo. Soy muy observadora y eso lo aprendí con él. Y así cuando me sumergí por completo en el cine, en su trabajo, ya no llegaba como una desconocida. Tenía algunas herramientas. Por ejemplo, participé en la filmación de Brascuba y no aparezco en los créditos.

¿Por qué?

Porque yo no trabajaba en el ICAIC. Y mi marido era muy exigente en esas cosas. Decía: “¿Cómo te voy a poner si tú no trabajas en el ICAIC?”.Yo trabajaba en una dependencia del Servicio de Conferencias de Cuba. Y fui la que traduje muchas entrevistas de aquí en ese momento. Lo ayudé a buscar la música, traduje toda la música que se usó, porque no ponía una música en un documental que no supiera lo que estaba diciendo y quién era el cantante. En eso era muy exigente. Y yo no aparezco.

Pero en el momento actual, ¿qué dimensión ha adquirido el cine en tu vida?

Lo es todo. Lo es todo porque tengo un objetivo fundamental y es que la obra de Santiago no desaparezca, que las futuras generaciones, las que están ahora y las que vienen, puedan seguir disfrutando de la genialidad de ese hombre. Mientras yo respire.

¿Hay problemas en la conservación del legado de Santiago?

Los hay, de índole económica fundamentalmente. Tenemos dificultades. El ICAIC está haciendo un esfuerzo muy grande en este momento porque hay muchas cosas que salvar. Pienso un poco en que todos los países de América Latina, unos con más suerte, otros con menos, estamos padeciendo ese problema.

Cuba es un país muy húmedo, la humedad nos mata y además de eso, ya las cámaras de refrigeración del Archivo de Cuba, no se puede decir que sean cámaras de refrigeración. Son obsoletas. Usted entra al archivo del ICAIC y el olor a vinagre se siente desde la puerta. Es una lucha del ICAIC que pienso que sí, que al final estamos obligados a ganarla, porque si no desaparece nuestra memoria.Y no puede desaparecer la memoria nuestra.

Y hablando del tema de la memoria, me gustaría que dieras dos visiones de tu relación con Santiago. ¿Cómo la tenías de manera afectiva y cómo era desde el punto de vista profesional?

Bueno. De manera afectiva, yo no puedo separar una cosa de la otra. Santiago lo era todo para mí. Nosotros éramos una pareja sui géneris en Cuba. Nos llevábamos muy bien, pero quien decidía y dirigía era él. A pesar de que soy una mujer de carácter y todo lo demás y que él siempre respetaba mi criterio. Pero el que decidía y dirigía era él. Eso lo tenía muy claro. Y bueno, siempre las mujeres somos mañosas, ¿no? Logramos a veces las cosas con mucha inteligencia, pero yo aprendí muchísimo con él. Santiago era la persona que sabía escuchar, podía no estar de acuerdo contigo, pero te escuchaba hasta el final. Y después, te convencía, sin imponérsete. Te iba llevando por el camino y te convencía. O te dejaba y al final, tú tenías que decirle: “Óigame, usted tenía razón”, y él decía: “Pero yo te lo dije”. Y Santiago era una persona que se preocupaba por todo aquel que trabajaba con él. No solo el que estaba al lado suyo, sino por los problemas que tenía esa persona. Por los problemas familiares, con los hijos, porque decía que si usted tenía problemas en su casa y no se los resolvía, no podía concentrarse en lo que estaba haciendo. Vivía muy pendiente de todas las situaciones del entorno del personal que trabajaba con él. Por donde pasaba, pasaban todos sus compañeros. No era una persona elitista. Por la puerta que entraba, entraba todo el mundo con él.

¿Identificas a Santiago Álvarez como referencia para cineastas de la actualidad?

El cineasta de la actualidad que no sea capaz de identificarse con el cine de Santiago está perdido, y no puede saber de cine. Es como desconocer Eisenstein. Es como desconocer Chris Marker. Es como desconocer Roman Karmen y muchos más cineastas.

¿Pero reconoces esta herencia en obras que han sido realizadas en los últimos años?

Nadie se repite. Yo no quisiera ser totalitaria, pero decir que hay alguien que se le acerque a Santiago en este momento, no te puedo decir que lo haya. Pero sí creo que su cine influyó. Pero cada cabeza es una cabeza y nadie puede imitar lo que hacía Santiago.

¿Qué tendencias te han llamado la atención en el campo del documental?

En Cuba hay muy buenos documentalistas en este momento. Muy buenos. Nosotros organizamos un Festival que se llama Festival Internacional de Documentales "Santiago Álvarez in Memoriam" y a mí me da muchísima alegría ver las obras que llegan allí. Documentales muy buenos, documentales muy malos. Porque hay quien tiene el concepto erróneo de que tiene que hacer un documental largo. El documental tiene que durar lo que tiene que durar, y a veces, no quiero mencionar países, han llegado documentales con temas buenísimos, que sabes que en el minuto 27..."ya páralo, termínalo...No". Recomienzan para alargarlo hasta los 52 minutos. Es decir, matan una obra que tuvo un ritmo buenísimo desde el primer minuto al veintisiete, y llega al veintiocho, y veintinueve, y ya perece. Pero hemos visto cosas muy buenas. Tengo la satisfacción de que los documentales que se han premiado en el "Festival Santiago Álvarez" han sido documentales espectaculares. Por ejemplo, en 2006 y en 2005 se premiaron a dos jóvenes realizadores que no sabían cine. Fueron como misioneros o internacionalistas a Palestina, llevaron una cámara digital y con todo lo que filmaron allí, mientras estaban ayudando a palestinos y todo lo demás, ayuda humanitaria que llevaban, cuando regresaron, vinieron tan impactados que hicieron dos documentales. Y son excelentes documentales, Nablús, la ciudad fantasma y el segundo se llama Internacionalistas en Palestina, y como te dije no sabían cine, y son dos muchachos jóvenes, tienen menos de treinta años. María Moreno tiene 23 años y el joven se llama Alberto Arce. Y los documentales son impresionantes. En Cuba los ovacionaron y el jurado internacional desde que los vio dijo: "Este es el premio". Bien hechos, impactantes, bien llevados, realmente espectaculares.

¿Qué piensas que Santiago hubiera desarrollado con las técnicas digitales?

Uhh. Hubiera hecho millares de cosas Jugaría con eso.

Pero, sin prejuicios

Sin prejuicios. Él nunca tuvo prejuicios. Trabajaba en video, trabajó en Betacam. Hizo documentales en Betacam SP.

¿Le encantaba la movilidad?

Cuando empezó a trabajar en Betacam, decía que por lo menos sabía que no iba a infartar, porque filmas en 35 mm, mandas a revelar, y se te puede echar a perder la filmación, o el rollo, que con la digital, o en este caso la Betacam, tú ves lo que estás filmando en ese momento. Y revisas.

Me gustaría que hablases un poco de las Oficinas Santiago Álvarez que ayudan también a crear una nueva platea para sus obras.

Bueno, a la muerte de Santiago, se creó la Oficina Santiago Álvarez en el ICAIC. El objetivo fundamental era mover la obra de Santiago. Que no se quedara ahí estancada. El Festival "Santiago Álvarez in Memoriam” que se realiza todos los años en el mes de marzo, en la ciudad de Santiago de Cuba, en el cual recibimos gran cantidad de materiales de América Latina, de Europa y de África.

De Argentina, México, Colombia, Costa Rica, Puerto Rico, Brasil (muchos trabajos de Brasil), Venezuela, Martinica, Canadá, Estados Unidos. De Europa, nos llega de España una gran cantidad, de Francia, de Italia, de Suiza nos llegan muchos todos los años. De los antiguos países socialistas: Eslovaquia, Eslovenia. De los países árabes, sobre todo de Irak, de Irán. De África nos ha llegado de Argelia, de Marruecos. Realmente nos sentimos muy satisfechos de la acogida que ha tenido este festival, porque el cine documental está como que renovándose, hay un resurgir. Está retomando fuerza, y hay mucho interés en este momento, en Europa fundamentalmente, por el cine documental. Y eso nos satisface enormemente. Pienso que sí hay continuidad para la obra no solo de Santiago, para la obra de los grandes documentalistas del mundo. Para la obra de Grierson. De todos esos grandes documentalistas que nos aportaron, que nos hicieron: Flaherty, Eisenstein, Dziga Vertov, Roman Karmen, y muchos más.

Santiago Álvarez hoy en día es un nombre que es sinónimo de documental y se quedó en la historia.

Sí. Dígase Santiago Álvarez y se dice documental.

¿Qué gusto tenía por la ficción y qué admiraba en el cine de género?

A él le gustaba. Pero no le gustaba hacer ficción. Tenía muy claro que no le interesaba en lo mínimo hacer ficción. Lo cual no quiere decir que no podía hacerla, la hizo. Hizo un corto de ficción y un medio metraje de ficción, simplemente por hacerlo, pero no le gustaba.

¿Qué realizadores le gustaban?

¿Cubanos? Tomás Gutiérrez Alea. Titón era un genio.

¿Y extranjeros?

Le gustaba lo que hizo Orson Welles, le gustaba lo que hizo Coppola. Sidney Lumet, le gustaba las cosas que hacía. Y de los rusos, no te puedo decir nombres, porque soy un desastre, pero había algunos cineastas rusos que le gustaban.

Las cosas que nos molestan en la vida, a veces son estímulos para movernos. ¿Crees que los temas que le incomodaban, en su época, persisten?

El racismo sigue existiendo. La violencia sigue existiendo. El terrorismo creado por los estadounidenses sigue existiendo. Sí, todo sigue existiendo. Todo lo que combatió con cámara en ristre sigue existiendo.

Entonces, hay que ver las películas de Santiago.

Hay que verlas. Hay que verlas. Hay que verlas.

>>Ver la entrevista completa

*Traducción de Rocío Salazar.

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